Nota publicada en Revista Logistec los desafíos logísticos para el año 2027.
Extraído del artículo de Revista Logistec.
Entre enero y agosto de 2026, el intercambio comercial de bienes en Chile alcanzó los USD 147.197 millones, registrando un crecimiento de 12,7% respecto al año anterior, impulsado por exportaciones que superaron los USD 83.250 millones e importaciones por sobre los USD 59.500 millones, según datos oficiales macroeconómicos. Estos intensos volúmenes de comercio exterior elevan significativamente la presión sobre nodos estratégicos como los puertos de San Antonio y Valparaíso, los complejos fronterizos, los grandes centros de distribución de la Región Metropolitana y las flotas de distribución urbana a nivel nacional.
Además, consumidores cada vez más exigentes en canales de comercio electrónico y disrupciones en las vías logísticas clave continúan desafiando a las cadenas de suministro locales. En este contexto, de cara a 2027, las empresas que operan en Chile deberán enfocarse en mover la carga con precisión, controlar costos y responder con rapidez ante imprevistos.
La logística ya no es una función concentrada exclusivamente en bodegas y vehículos. Su desempeño impacta directamente en las ventas, el capital de trabajo y la experiencia del cliente. Una entrega tardía, por ejemplo, puede inmovilizar inventario, afectar los márgenes de ganancia y poner en riesgo relaciones comerciales clave en un mercado altamente competitivo.
A medida que la logística se vuelve cada vez más compleja, las empresas necesitan mayor visibilidad y mejores herramientas para tomar decisiones más rápidas e informadas. Es aquí donde la tecnología cumple un papel cada vez más importante.
“La inteligencia artificial aporta valor cuando combina datos confiables, restricciones reales y visibilidad de la flota en tiempo real. La experiencia de Descartes + Drivin en Chile, conectada a la red global Descartes Global Logistics Network™, permite convertir esa información en decisiones operativas más rápidas y precisas”, señaló Cristobal López Olivo Country Manager Cono Sur de Descartes + Drivin.
Desde esta perspectiva, de cara a 2027, las empresas deberán avanzar hacia cadenas de suministro capaces de cumplir sus compromisos, adaptarse a las restricciones territoriales y anticipar posibles problemas. En este proceso, cinco desafíos serán particularmente relevantes para el mercado nacional:
En primer lugar, el tramo final concentra factores que pueden elevar los costos y afectar el cumplimiento, como congestión vehicular en grandes urbes, desvíos innecesarios, clientes ausentes y pedidos reprogramados. Por ello, será necesario conocer cuánto cuesta atender cada zona o comarca y ajustar los niveles de servicio a las necesidades reales de los clientes.
A la complejidad de la última milla se suma la necesidad de gestionar rutas afectadas por factores externos. La planificación en Chile ya no puede considerar únicamente distancias y tiempos: la seguridad patrimonial, los bloqueos o peajes, el acceso a los puertos marítimos y los pasos cordilleranos también determinan cómo se movilizan las mercancías.
En este contexto, clasificar corredores, establecer puntos de parada seguros y contar con rutas alternas ayudará a reducir el impacto de posibles disrupciones y a mejorar la capacidad de respuesta.
Tener datos no es suficiente. Para aprovechar el potencial de la inteligencia artificial, las empresas necesitan direcciones precisas, registros completos de flota y procesos claramente definidos. Una base de información integrada es el punto de partida para utilizar estas herramientas en la comparación de rutas, la anticipación de desvíos y la mejora del aprovechamiento de la flota. Por lo tanto, integrar los datos de pedidos, inventario y transporte será un paso fundamental antes de incorporar soluciones más avanzadas.
Este cambio hacia una logística más conectada y transparente también responde a un cambio en las expectativas de los consumidores chilenos. La rapidez de la entrega ya no es el único factor relevante: saber cuándo llegará un pedido y recibir actualizaciones proactivas cuando existe un retraso también forman parte de la experiencia.
Así, ofrecer plazos realistas y una trazabilidad útil genera mayor fidelidad que prometer entregas inmediatas que la capacidad operativa no puede cumplir.
Finalmente, estos desafíos también afectan a las pequeñas y medianas empresas (pymes), actores clave del entramado productivo nacional. Su respuesta no necesariamente requiere cambios a gran escala desde el inicio. Puede empezar con acciones concretas, como digitalizar pedidos, medir la puntualidad de los despachos y optimizar sus rutas diarias.
De esta manera, la tecnología genera valor cuando responde a una necesidad concreta y puede integrarse de forma efectiva al trabajo cotidiano.
En definitiva, la ventaja competitiva en Chile no estará necesariamente en prometer la entrega más rápida, sino en cumplir lo prometido y responder a tiempo cuando surjan imprevistos. Para lograrlo, será fundamental conocer los costos de transporte, evaluar el desempeño de las rutas y transformar los datos disponibles en decisiones operativas.
Descartes + Drivin combinan una red logística global con experiencia operativa local para habilitar una mayor visibilidad y una gestión más adaptable, en la que la tecnología facilita una mejor planificación, una respuesta más eficiente ante contingencias y mayores niveles de cumplimiento de entregas.